La adolescencia del anestesioblasto

Adolescencia
Muchas veces he comparado los cuatro años de residencia de Anestesiología con el desarrollo de mis hijos. Adolescencia del anestesioblasto. Una nueva entrada de la Dra. Jomeini.

Adolescencia

Mi hija cumple 13 años este año. Está en esa época difícil de la adolescencia en la que todo tiene una importancia inmensa y una carga emocional aún más inmensa. Empieza a plantearse seriamente su futuro y a asomar la nariz a la vida real.

Intenta, además, reafirmarse. El otro día, por ejemplo, discutimos porque quería llevar un jersey de deporte con un pantalón de vestir. Sí, las madres tenemos esas discusiones con las hijas que son absurdas para el sexo opuesto. De hecho, su padre se puso de su lado (“A mí no me parece que vaya mal“) y la niña de sus ojos se salió con la suya y fue de esa guisa a la calle.

Esto viene a que muchas veces he comparado los cuatro años de residencia de Anestesiología con el desarrollo de mis hijos.

De R1 eres un bebé. Te dan de comer. Te limpian la mierda (con perdón). Das muchísimo trabajo, pero solo con que mires a tu adjunto con ojos de ilusión a éste se le olvida todo. Todos hemos sido R1 alguna vez (algunos, como yo, dos veces).

De R2, eres un niño de infantil. Espabilado, pero torpe. Te caes, te machacas las piernas y, además, rompes el uniforme. Pero siempre hay alguien que te levanta. Al final, aprendes a caminar para no volver a caerte.

De R3, eres un adolescente. Ya sabes cómo hacer las cosas, pero te fastidia que te digan cómo hacerlas. Quieres demostrar que eres maduro para tomar tus propias decisiones, pero, a veces, se te ve la inmadurez en la frente.

De R4, tienes edad para votar.

El jueves estuve en quirófano con mi R3. Cuando planteamos cómo anestesiar al paciente, su plan era distinto de lo que yo había pensado. Y, la verdad, me gustaba más el mío. Pero entonces me vinieron a la memoria los ojos triunfantes de mi hija mientras salía de casa llevando el suéter de deporte y el pantalón de vestir. Sintiéndose reafirmada. Así que asentí con la cabeza.

Tengo que darles –a ambos– la oportunidad de convertirse en adultos.

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Escrito por

Ana González Duque trabaja durmiendo gente y escribiendo historias, sin que afortunadamente lo primero sea una consecuencia de lo segundo.

2 Commentarios

  • En un instante ví pasar los tres años de la Residencia en Anestesiología y cada etapa o año, plasmado en esta publicación.
    Y muy cierto, es lindo el verlos crecer y tomar decisiones que les harán trascender.
    Dra, mil gracias por su publicación.

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