Patricia Alfaro
Coordinadora de la Unidad del Dolor Crónico
Hospital Universitari Joan XXIII de Tarragona
Se ha consolidado en la práctica clínica una inercia preocupante: la administración repetida de corticoides en las unidades de dolor como tratamiento de primera línea, incluso en pacientes con dolor crónico complejo y múltiples comorbilidades. Esta tendencia, heredada de épocas en las que las alternativas eran escasas, merece una revisión crítica a la luz de la evidencia actual y del perfil de nuestros pacientes.
La literatura reciente cuestiona tanto la seguridad como la eficacia de las infiltraciones repetidas de corticosteroides. La mayoría de estudios disponibles presentan limitaciones metodológicas importantes: tamaños muestrales pequeños, seguimiento insuficiente y resultados heterogéneos. No existen guías clínicas que definan una frecuencia, duración o número máximo de infiltraciones, y la evidencia no respalda su uso sistemático. En patologías como la artrosis de rodilla, los beneficios son transitorios, con escaso impacto funcional sostenido, y se ha descrito daño condral potencial tras uso repetido de corticoides intraarticulares¹. En tendinopatías, como la epicondilitis lateral, también se ha documentado un posible efecto deletéreo sobre el tejido tendinoso con infiltraciones sucesivas².
En el caso de las radiculopatías, los metaanálisis muestran que las infiltraciones epidurales de corticoides ofrecen un beneficio pequeño y de corta duración, principalmente en las primeras 4–12 semanas, sin impacto demostrado en la necesidad de cirugía³. En la estenosis lumbar, los ensayos clínicos no han hallado diferencias clínicamente relevantes entre corticoides y anestésicos locales solos³. Y aunque los eventos adversos graves son infrecuentes, la FDA ha emitido advertencias sobre los riesgos asociados a estas técnicas, especialmente con esteroides particulados⁴.
En nuestras unidades atendemos, cada vez más, a personas mayores, con diabetes, osteoporosis, hipertensión arterial, polifarmacia y fragilidad. En este contexto, el corticoide deja de ser una herramienta neutra y pasa a formar parte del problema. Aun así, se continúa administrando sin justificación diagnóstica clara, sin reevaluar su eficacia ni planificar estrategias complementarias.
El problema también es estructural: la presión asistencial, la falta de recursos y de formación en técnicas avanzadas empujan a muchos profesionales a recurrir a soluciones rápidas, conocidas y de bajo coste. Pero esta práctica perpetúa la cronificación del dolor, medicaliza sin resolver, y retrasa el acceso a opciones más eficaces y seguras.
Disponemos de alternativas con mejor perfil de seguridad y potencial terapéutico real: radiofrecuencia, neuromodulación, ácido hialurónico, plasma rico en plaquetas, ozonoterapia⁵. Su uso adecuado, basado en indicaciones claras y objetivos funcionales, permite avanzar hacia una medicina del dolor más responsable.
Replantear el uso sistemático del corticoide no es una postura radical, sino una necesidad ética. El futuro del tratamiento del dolor pasa por una práctica reflexiva, personalizada y centrada en el paciente. Y empieza por decisiones valientes en lo cotidiano.
Bibliografía
– Coombes BK, Bisset L, Vicenzino B. Efficacy and safety of corticosteroid injections and other injections for management of tendinopathy: a systematic review of randomized controlled trials. Lancet. 2010;376(9754):1751–1767. (PubMed)
– Chou R, Friedly J, Skelly A, et al. Epidural corticosteroid injections for radiculopathy and spinal stenosis: a systematic review and meta-analysis. Ann Intern Med. 2015;163(5):373–381. (PubMed)
– U.S. Food and Drug Administration. FDA Drug Safety Communication: FDA requires label changes to warn of rare but serious neurologic problems after epidural corticosteroid injections for pain. 2014. (HTML)
– Sánchez-Ledesma MJ, Iglesias E, Roca M. Ozonoterapia en patología del raquis y artrosis: revisión de evidencia clínica. Rev Soc Esp Dolor. 2013;20(4):190–199. (HTML)