Los inhibidores de la bomba de protones (IBPs) son una familia de fármacos ampliamente prescritos de forma global cuyo mecanismo de acción es la reducción de secreción de ácido gástrico. Se utilizan para el tratamiento de afectaciones gastrointestinales como son la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), dispepsia, afecciones hipersecretoras (p. ej. el síndrome de Zollinger-Ellison), úlcera péptica, entre otras, así como para la prevención de la úlcera gastroduodenal inducida por antiinflamatorios no esteroideos (AINE) en pacientes de riesgo (ver Tabla 1). Sin embargo, entre un 25% y un 70% de los pacientes que reciben tratamiento con IBPs lo hacen de forma inapropiada, lo cual contribuye a la polifarmacia, a un aumento del gasto sanitario, a un mayor número de interacciones medicamentosas y a la aparición de efectos adversos(1). El SRMD o “stress-related mucosal disease”, describe un espectro de patologías que incluye tanto la lesión erosiva superficial de la mucosa gástrica como la lesión focal profunda (úlcera péptica), que pueden llevar sin un tratamiento adecuado a un sangrado gastrointestinal e, incluso, a la perforación en los casos más severos.