¿Dónde te quieres ir de viaje?

Testimonio de un paciente intervenido hace unos días de tres hernias. Una visión del proceso quirúrgico desde el punto de vista del paciente.

– ¿Dónde te quieres ir de viaje? – me preguntó la Dra. F, la anestesista.

– Pues mire – le dije medio atontado por los calmantes – el domingo estuve en Peñalara y es a donde siempre quiero volver.

– Pues vete ahí un ratito que ahora empezamos – dijo sonriéndome.

Me llamo Joaquín y mi historia comienza con otra historia, en este caso médica y cuyos fríos datos dicen así:

Conocimiento

“Paciente de 47 años, sin antecedentes personales de interés que ingresa para tratamiento de hernia inguinal bilateral y umbilical en régimen de cirugía mayor ambulatoria al cumplir los criterios de inclusión establecidos y haber sido aceptado en la consulta de anestesia.

Fue intervenido el día 17/10/2019 por Dra. H bajo anestesia general, realizándose hernioplastia por vía endoscópica extraperitoneal y reparación primaria de hernia umbilical.”

Vale, a usted que es profesional de la Medicina esto le parecerá rutinario; no sé cuántas hernias al día se hacen en España y no quiero saber cuántas terminan mal, porque aunque suene egoísta son mis hernias, y por lo tanto mi pescuezo el que desde hacía 5 meses me traía en un sinvivir: no cojas peso, no vayas a nadar, no puedes jugar al golf, si te vas a andar ten cuidado, no subas de peso, a ver si te van a llamar en julio que tenemos un viaje ya contratado y nos lo fastidia…

Días antes había sonado el teléfono:

– Buenos días, le llamamos del Hospital. Era para indicarle que el día 17 tiene que venir a la 7:30 para ingreso para la cirugía… – y ya no oí más durante unos segundos. Recuerdo que di las gracias – o no – y colgué. Inmediatamente llamé a mi jefe, anestesista del Hospital para decírselo y para que me recordara todo lo que no había oído en la llamada, concentrado en el Día D y Hora H: 17 de octubre, 7:30.

– ¿Nervioso?

– Sí, un poco.

– ¿Es la primera vez?

– No, ya había estado nervioso antes.

(Esto es de la película Aterriza como puedas, pero me habría encantado decirlo yo).

Para usted que está leyendo este artículo ya he dicho que es pura rutina, algo que hace todos los días desde hace años. Para mí como paciente es… sencillamente aterrador, máxime cuando por mi trabajo en este blog de Anestesia leo todos los días todo lo que puede salir mal: términos como mortalidad, morbilidad, críticos, intensivos, abordajes, despertar intraoperatorio… El conocimiento no es intrínsecamente bueno del mismo modo que la risa tampoco lo es cuando tienes las tripas grapadas o cosidas.

Miedo

Ya sabemos lo que sucede. Tenemos los datos. Procedimiento rutinario de los que se hacen miles todos los días hecho además por una cirujana que sería capaz de intervenir con una mano atada a la espalda. Pero eso el miedo lo ignora. El miedo te dice que, aunque cuando te hizo la exploración y no tardó ni cinco minutos en darte un diagnóstico cierto y de manual de Primero de Hernias, igual te dice que ha visto o notado algo más.

Miedo cuando al hacerte la placa de tórax el médico se queda mirando el resultado unos segundos que parecen horas y notas dos gotas de sudor cayendo por la frente esperando el veredicto o la sentencia. Te quedas mirando su cara intentado descifrar la verdad. Y si además has fumado durante 25 años un paquete al día pues igual, mire usted, esta vez va a ser que ¡oh, oh! tenemos un problema…

– Todo bien – te responde.

– La madre que te… digo… qué bien ¿no?

– Sí, genial. Y ya puedes respirar, que estabas cogiendo un colorcillo aciruelado curiosón. La analítica y el electro sin problemas igualmente. Ahora a esperar a que te llamen.

– ¿Cuánto tiempo?

– Pues las prueba son válidas 6 meses, así que entiendo que antes pero no sé decirte.

– Es que para el verano tengo un viaje y me da (miedo otra vez). A ver si…

– Pues señor mío… (haber elegido muerte, como en el chiste).

Miedo al dolor. Y eso que algunos tenemos una relación rollo masoca con el dolor, en mi caso de espalda, discopatía degenerativa, me dijeron y yo gracias y que qué se puede hacer. Pero eso es otra historia como dice mi compañero de esta web el Dr. Manuel Molina. Si tuviera más tiempo les contaba la historia de un buen amigo que jura desde que le conozco, más de 40 años, que no hay día prácticamente que no le duela algo: si no es la espalda son las cervicales; si no, es el pecho; o la rodilla o…

– Tengo miedo – le dije a la anestesista.

– ¿A qué exactamente? – preguntó firme pero con una sonrisa sabedora de la respuesta.

– A no despertar – le dije notando un picor en los ojos -. Y a lo desconocido supongo – añadí.

– ¿Y cuándo por la noche te vas a dormir sientes ese miedo?

– […]

Esa noche intenté hacer memoria de lo que pensé en las otras dos ocasiones en que tuve que pasar por una anestesia general: apendicitis y vegetaciones, hace 30 y 25 años respectivamente: no fui capaz pues me quedé en que ya habían pasado 25 años y que, como todos ustedes saben, el tempus fugit que se las pela. Miedo al paso del tiempo, miedo a no despertar, miedo al despertar intraoperatorio, miedo a no ser nada más que un trozo de carne en una mesa de quirófano y miedo a haber dejado cosas sin hacer, gracias sin dar, perdones sin pedir…

Aceptación

Austin Powers tenía una Lista de cosas que hacer antes de palmar. Un buen día le dije a una compañera que antes de palmar me gustaría tener un traje de Armani. ¿Por qué? Porque sí. Pues ve empezando, me dijo. Y no por duro fue menos cierto pues ese “antes de palmar” que cuando te ves con la piel lisa, todo el pelo en la cabeza y eres capaz de llegar a casa a las 6 de aquélla manera y levantarte a las 8 para jugar un partido de fútbol como si nada, lo ves muy lejano. Pero cuando has hecho la prestación social en la Cruz Roja y has tenido que atender más de un tráfico con resultado de muerte y ves que el muerto tiene tu edad, ya no lo ves tan lejos. Cuando años más tarde te dicen que un sobrino tuyo de 4 años no va a llegar a los 5 porque la leucemia se lo va a llevar antes y un buen día descubres que la imagen que te devuelve el espejo bien entrenado desde los tiempos del insoportable Narciso es la de un señor con arrugas y canas en la barba, entonces, entonces definitivamente está aterradoramente cerca. Y si ya te dicen que tienes que pasar por una cirugía rutinaria pero con anestesia general pero no te preocupes que no pasa nada, que estás en el mejor sitio con los mejores profesionales, y que de esto nadie ha palmado y… Entonces es cuando aceptas que el día D y la Hora H es pasado mañana y que no hay huida posible.

Combinas entonces conocimiento con miedo con aceptación. Aceptas que la máquina empieza a fallar. Pero aunque gracias a Dios (o en lo que usted crea), a tus padres y a vivir en este país, en este lado de la calle y en este siglo, tienes todas las posibilidades de salir por tu propio pie ese mismo día, debes aceptar que a lo mejor ese día la Parca ha elegido tu hilo. Aceptas por fin lo que tu madre te dijo hace muchos años de que solo merece la pena luchar por lo que tiene solución. Aceptas que la Lista de cosas que hacer antes de palmar conviene ir haciéndola ergo completándola.

Finalmente aceptas, apoyado en el conocimiento y aderezado con el miedo, que estás en la mejores manos, que es el ABC de la cirugía y de la anestesia, y que en 35 años el jefe de tu jefe jamás ha visto a nadie no despertar después de esta intervención; que como te gusta decir, el día que tengas un accidente será por fatalidad y no por imprudencia. Pues esto igual. Con esos pensamientos me dormí la noche antes.

Seguridad

Me levanté ese día como si fuera a trabajar. Me afeité y acicalé con la colonia de los eventos especiales. De desayuno un Lexatin. Mi perro sabía que algo estaba pasando y buscaba unos mimos que al principio le negué pero que le acabé dando, diciéndole con la mirada lo que se le dice al perro sin necesidad de palabras pero sí con abundancia de oxitocina. Mi esposa tuvo la gentileza de dejar que mi mente viajara a su aire mientras conducía en silencio hasta el hospital, con esa certeza de que las palabras también sobran en ese momento, intentando eliminar de mi cabeza la idea de que en dos horas iba a esta indefenso en una mesa de quirófano a merced de una serie de personas que me irían a meter mano literalmente y yo sin poder controlarlo.

Llegamos al hospital. Sala amarilla por este pasillo. No me identifico como de la casa, todavía no. Dos minutos más tarde se oye mi nombre por la megafonía de la sala. Entramos. Atienden dos enfermeras veteranas, buena señal. Recitando unas instrucciones mil veces repetidas pero que hacen como si fueran nuevas esperando a comprobar que lo he entendido bien: desnúdese, póngase la bata y el calzoncillo que le damos, quítese todo lo de metal, ¿ha venido en ayunas? ¿Alergias? ¿Medicación? Cuando termine nos avisa y le ponemos la vía. Todo en ella irradia seguridad. Ah, de la casa. Muy bien, hermoso así que ya sabes cómo va esto. Que no lo sabes. No importa, tú tranquilo que todo va a ir bien. Acuérdate de ir a hacer pis antes. Compañero. ¿Es usted la acompañante? No se preocupe, cuando se lo lleven le decimos. Sí, calcule dos horas. No pasa nada. Ya está la vía. Ni me he enterado, qué artista, puro talento. Pura seguridad.

Las 9. ¿Joaquín? Sí, vamos para allá. Ale, adiós, adiós. Usted vaya a la sala… Te veo en un rato. La celadora conduce la cama con rapidez pero seguridad. Muchas camas ha movido sin duda. Sonríe y da conversación. Llego a Rea y me colocan en un box. Soy el primero en llegar. En la amplia sala de Rea veo enfermeros y algún médico apurando sus cafés, ajustándose los gorros, mirando el teléfono y los listados de pacientes. Parecen mecánicos de Formula 1 esperando cada uno a su coche. A medida que vamos entrando los pacientes los DUEs se dirigen a su cama asignada sin vacilar. Lo saben ya desde el primer momento, cuál es su coche, cuál es su cama, cuál es su paciente.

¿Me dice su nombre por favor? ¿Sabe de qué le operan? ¿Ha venido en ayunas? Una DUE sonriente oliendo a sandía del chicle que está medio masticando posiblemente para tapar el olor a café de hace unos minutos me hace de nuevo el checklist de comprobación anterior. Doble comprobación. Doble seguridad. Veo caras conocidas. Saludo a alguno y me desean suerte. Todo va a ir bien. Unos minutos más tarde llegan la Dra. H y la Dra. F, cirujana y anestesista respectivamente. ¿Qué tal? ¿Nervioso? Bueno, ahí vamos. ¿Quieres un tranquilizante? Sí por favor. No sé qué me pincha en la vía pero al menos en mi imaginación al instante me calmo del todo. La cirujana me sonríe, comprueba que me hayan depilado bien y finalmente me pone la mano en el hombro. Nos vemos en un rato, me dicen.

En ese momento, no sé si por efecto del calmante o porque así lo he imaginado, el tiempo se congela: hago una foto de lo que veo y lo que veo es a dos docenas de personas de azul que saben perfectamente lo que hacen, que están tratando a personas que tienen miedo y dolor, pero que sin embargo con dos palabras y un apretón en el brazo te hacen recordar el viejo aforismo latino noli timere tan repetido en la Biblia y usado en nuestros tiempos. Es en ese momento cuando veo a cámara lenta cómo cogen mi cama y me llevan al quirófano. Ya no tengo miedo. Tras lo que acabo de ver estoy absolutamente seguro de que nada puede salir mal y de que el sábado podré ver a Inglaterra laminando a Australia y Nueva Zelanda barriendo a Irlanda en el Mundial de Rugby. En ese momento no sé si el sol saldrá mañana pero sí sé que sea lo que sea lo veré. Estoy seguro.

Agradecimiento

Un instante después de haberle dicho a la Dra. F que me iba a Peñalara y cuando apenas iniciaba la ascensión a la Laguna por la pista que sale de la encrucijada que lleva hacia el glaciar por un lado y hacia La Laguna de los Pájaros por otro, me despierto en Rea. Ya está. Vuelvo de Peñalara para aparecer en una cama con dos sueros colgando de una vía y un cierta molestia en el abdomen. Listo. Visto y no visto. Veo una cara conocida que viene a ver cómo estoy. Me aferro a su mano unos momentos. Ya terminó. Gracias. A todo el que pasa a verme, compañeros, compañeros de compañeros y a toda persona que va de azul y gorrito de colores le doy las gracias con la mirada. Son las 11:30. A las 12:30, una hora más tarde y cientos de gracias dadas me devuelven a mi habitación donde me espera mi esposa. Hola. Hola. Poco a poco voy saliendo de la borrachera de la anestesia. Todo bien. Ahora a esperar unas horas y si todo sigue su curso natural te vas esta misma tarde. Gracias.

En un momento en que me quedo solo unos minutos aprovecho para mirar a mi alrededor: habitación limpia, cama confortable, una enfermera que cada pocos minutos se interesa por mí… afuera llueve y hace frío pero no aquí, no en esta habitación. Y doy las gracias por ello. Hago balance mentalmente de todas las personas por cuyas manos he pasado desde el médico de urgencias en mayo cuando me vi el bulto en la ingle y en mi cerebro se encendió el Miedómetro: urgencias, la Dra. H en la consulta dos días más tarde, mi jefe, el jefe de mi jefe; el personal de rayos y de pre anestesia, la anestesista, los celadores, los DUE del día D… Toda una estructura, me niego a llamar máquina a algo tan bello compuesto por personas, perfectamente coordinada, como las células de nuestro cuerpo, diseñada, formada y entrenada durante años y miles de horas de trabajo con un único fin: preservar la vida. Y creo que en un establecimiento en el que nadie quiere estar como “cliente”, donde hay miedo, hay dolor y a veces desgraciadamente hay muerte, sin embargo tienes una mano cálida que te aprieta el brazo y te dice que todo va a ir bien; Le miras a los ojos, te esfuerzas por creer que es verdad y das las gracias porque, ya que tienes que estar ahí a tu pesar, te das cuenta de que van a hacer todo lo que humanamente esté en sus manos para que te vayas lo antes posible y que no tengas que volver jamás. Gracias.

Despedida

A las 17:30, tras haberme levantado y sentado en la silla para no estar tanto tiempo tumbado, tras haberme tomado un vaso de agua y un zumo sin mayor complicación me dicen que nos podemos ir. Ahora comienza lo peor, la recuperación. Me visto con el cuerpo dolorido pero el ánimo alegre. Me repiten las últimas instrucciones que no obstante nos dan en un papel junto con el Informe de alta. Sé que vendrán nuevos miedos y nuevos dolores. Pero también otros conocimientos, aceptaciones, seguridades y agradecimientos. Dentro de unas semanas volveré a Peñalara posiblemente ya con las primeras nieves a saludar a mi querido glaciar y a dar las gracias… y con el noli timere para tatuarme en la Lista de cosas que hacer antes de palmar junto con ir ahorrando para el traje de Armani; para que cuando tenga que irme de viaje otra vez sea con un gracias, con una sonrisa y por si acaso me quedo en mi montaña, la lista acabada doblada y guardada en la parte de atrás de mi pantalón esperado a que el sol salga por donde sea que sale al otro lado. 

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2 Comments

  • Gracias Joaquín por regalarnos el testimonio de tu experiencia. También yo quiero agradecer que fueras mi paciente, y que expresaras tus dudas, miedos…con absoluta honestidad, desde este lado me encanta poder acompañaros en cada viaje, vosotros sois los protagonistas del viaje, nosotros cuidamos de que volváis a casa sanos y salvos. Un abrazo.

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