Juicio clí­nico: PEIC

Cuando encuentres esta carta, yo ya estaré dentro del quirófano, dormida. Puede que para no despertar más. No has querido que me despidiera de ti“ ¡Qué da mala suerte!“

Amor,

Cuando encuentres esta carta, yo ya estaré dentro del quirófano, dormida. Puede que para no despertar más. No has querido que me despidiera de ti“ ¡Qué da mala suerte!“““me dices. Pero…¿y si no puedo hacerlo después?¿Y si no vuelvo a verte? A lo mejor, escribir esto no tiene sentido. Quizás todo salga bien y nos riamos juntos de la pinta que voy a tener con media cabeza afeitada. Tal vez podamos volver a hacer planes de futuro. Pero hace dos meses que mi vida es solo presente. Desde que al oftalmólogo se le congeló la sonrisa al ver mi fondo de ojo. Desde que al enfermero del TAC se le asomó la piedad a las pupilas al terminar la técnica. Desde que el neurocirujano cambió mi futuro ““nuestro futuro““ con una sola palabra.Ya solo pienso en el hoy, en este momento, en la siguiente baldosa que tengo que barrer, como decí­a Beppo en Momo.Pero si no salgo, si esta es mi última baldosa, quiero que sepas cuánto te quise. Cuánto te quiero. Lo que me completas. Cuando no esté, quiero que cada noche le des un beso de mi parte a los niños. Quiero que me digas“ Buenas noches, amor“ cuando apagues la luz, como siempre. Aunque el lado derecho de la cama esté vací­o. Pero ya está. No quiero nada más. Sonrí­e. Vive. Disfruta. Hazlo por mí­.Ahora cierro los ojos. Y cuando el anestesista me diga que sueñe en algo agradable soñaré en volver a despertar. Y darme cuenta de que todo esto ha sido solo una pesadilla.Un beso. No, un beso, no. Mil

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