¿Estamos programados genéticamente para el dolor?

C. Geoffrey Woods, un especialista en genética del Instituto de Investigación Médica de Cambridge, descubrió la noticia que en Lahore al norte de Pakistán, habí­a un niño de 10 años que no conocí­a el dolor. Se ganaba la vida como artista callejero  caminando descalzo sobre brasas y clavándose cuchillos en los brazos. En el hospital de la ciudad le conocí­an bien, acababa allí­ a menudo. Murió antes de cumplir los catorce años después de saltar desde el tejado de una casa.

El Dr Woods localizó a otros seis niños de edades comprendidas entre 6 y 14 años pertenecientes a tres familias sin parentesco entre ellas.El denominador común era que jamás habí­an sentido  dolor alguno. Un detallado exámen neurológico  reveló que cada uno de ellos podí­a percibir correctamente, las sensaciones de tacto, los cambios de temperatura, el cosquilleo, la presión, pero no el dolor. Los seis tení­an heridas en los labios y en la lengua al morderse inconscientemente durante los primeros cuatro años de vida. Además, la mayorí­a presentaba fracturas radiológicas antiguas sin percepción nociceptiva.

Para averiguar qué les hací­a insensibles al dolor, los investigadores  compararon las muestras de ADN y determinaron que todos compartí­an una mutación del gen SCN 9A, que se expresa en células nerviosas pero no en el sistema nervioso central. Este gen codifica el canal de sodio Nav 1.7, que permite a las cargas eléctricas, fluir al interior de las células neuronales transmitiendo así­ ,la señal nerviosa. Sin este particular canal, o cuando éste está alterado, el cerebro no  recibe la señal de que el cuerpo ha interaccionado con un estí­mulo  nociceptivo.

Estructura tridimensional de un canal de sodio
Estructura tridimensional de un canal de sodio

Mutaciones en el mismo gen también están involucradas en casos de sobre-sensiblilidad  al dolor. Estas mutaciones actuarí­an en el sentido opuesto al de los sujetos de Pakistán, es decir, potenciarí­an en lugar de inhibir la activación del canal de sodio Nav 1.7 dando origen a desórdenes extremos de dolor crónico, según se explica en otros trabajos.

Así­, resulta que el gen SCN9A actúa como un controlador o disparador del dolor. La identificación de estas mutaciones abre la puerta a posibles tratamientos analgésicos. Los actuales, basados en la aplicación local de opiáceos, llevan en ocasiones a problemas de adicción. Es posible especular con una futura terapia génica sobre el SCN9A para los enfermos de dolor crónico.

La explosión de conocimientos sobre genética humana está ayudando a los cientí­ficos que trabajan en el campo del desarrollo de medicamentos. Sabemos, por ejemplo, que las propiedades analgésicas de la codeí­na dependen mucho de una enzima hepática, CYP2D6, que ayuda a convertir la codeí­na en morfina. Un pequeño número de personas carece genéticamente de la enzima CYP2D6; cuando reciben codeí­na, estos individuos no obtienen alivio del dolor. CYP2D6 también ayuda a descomponer ciertos medicamentos. Las personas que carecen genéticamente de CYP2D6 pueden  ser más vulnerables a la toxicidad medicamentosa. CYP2D6 está actualmente bajo investigación por su papel en el dolor.

Woolf y su equipo buscaron entre los cientos de genes que se regulan en los ganglios de la raí­z dorsal (raí­ces nerviosas en la médula espinal) tras una lesión del nervio ciático.

GCH1 gen located
GCH1 gen located

La expresión del gen GCH1 (es decir, la traducción de la información que contiene órdenes para fabricar proteí­nas) experimentaba importantes cambios como consecuencia de este tipo de lesiones.
Este gen, a su vez, es uno de los encargados de codificar sustancias necesarias para “˜fabricar“™ el BH4,  esencial en la producción de neurotransmisores como la dopamina. Tanto la sí­ntesis del BH4 como el mencionado gen estarí­an implicados en otros tipos de dolor, no sólo en el de origen neurológico.
Los estudios en pacientes y voluntarios sanos mostraron que una variante genética en el GCH1 estaba relacionada con una menor sensibilidad al dolor. Los pacientes sometidos a una discectomí­a  que presentaban esta variante tení­an menos probabilidades de desarrollar dolor crónico tras la operación. Los que presentaban dos copias de esta ‘versión protectora’ del gen eran los que menos riesgo tení­an. Por su parte, los voluntarios sanos portadores del polimorfismo genético eran menos sensibles a un estí­mulos doloroso.

 
 Fuentes:

Fertleman, C.R. et al.: «SCN9A Mutations in Paroxysmal Extreme Pain Disorder: Allelic Variants Underlie Distinct Channel Defects and Phenotypes», Neuron 2006; 52: 743-749.

http://www.nature.com/nature/journal/v444/n7121/abs/nature05413.html

http://journals.lww.com/neurotodayonline/Fulltext/2007/01160/Genetic_Mutations_in_Same_Gene_Both_Enhance_and.12.aspx

http://ghr.nlm.nih.gov/gene=gch1

 http://www.percepnet.com/perc12_06.htm

http://www.tecnologiahechapalabra.com/salud/especialidades/articulo.asp?i=3204

http://fundamentosdeneurociencia.blogspot.com/2009/03/dolor-bases-geneticas-3-ejemplos.html

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